Quiero ser, ¿se perdió, se atrasó o lo estoy recuperando?
- 26 sept 2018
- 4 Min. de lectura
Como se han de haber dado cuenta ya, he estado escribiendo sobre música y su relación con mi vida. De hecho, la idea original fue esa, describir como la música se encuentra con nosotros a través de nuestras vidas.
Pero cada vez que quería escribir el post recomendando algunas películas que me ayudaron a entender mejor el proceso de hacer música, llegaban a mi, algunos recuerdos al teclado de mi laptop, los cuáles ustedes lo han leído.
De hecho, en todos nosotros, la universidad marca muchos parteaguas en nuestras vidas, sea que hayamos vivido fuera del seno familiar o en él. En el caso familiar, a todos nos dieron un patín, con mucho amor, y después de la preparatoria, a volar, a estudiar fuera de casa.
En la universidad, la música hizo de las suyas y conocí más ritmos, más pensamientos y temas ajenos a mi origen. En la universidad, ya no se escuchaba a Beethoven, Mozart, Tchaikovsky, Pink Floyd o Metallica.
La música era más ligera, con una filosofía diferente, sin un significado menos melodramático, algo más emocional y psicológico a la edad a la cual estaba viviendo. Mi descubrimiento como persona en un mundo, no siempre justo, no siempre alegre y con responsabilidades que yo decidiera. Esas dos palabras que han marcado mi vida en la post juventud y luego en la juventud adulta.
Responsabilidad y aceptación, dos conceptos determinantes y definitorios en la vida de cualquier adulto joven.
Regresando a la música, encontré música que me ayudaba a entender una noche de estudios, a bailar toda la noche, a sobrevivir los exámenes finales, para ver a mis papás y hermanos. Había otra música que compartía los momentos con mis dos mejores amigos y había otra música que me hacía recordar a las musas de las cuáles estaba perdidamente enamorado.
Durante ese tiempo, no toqué instrumento, aunque sabía lo que se estaba tocando en MTV o en la radio. Había música que me fascinaba, otra no tanto, la sentía ajena a mi y no me sentía identificado con sus letras y sonidos, pero siempre entendí que la música, nosotros le damos el sentido que queremos; buscamos que los ritmos reflejen lo que nos está pasando en nuestra vida.
Me gradué y salí de México por trabajo, del cuál quienes siguen mi blog, sabrán como lo describo y claro, aprendí a disfrutar la música banda.
Tal vez, el trabajo hace que nuestro tiempo para realizar nuestros hobbies no las realicemos, en mi caso la música, la lectura y la escritura. Cada uno de nosotros fuimos dejando que el trabajo, en responsabilidades aceptadas, se interpusiera con nuestros deseos de conquistar el mundo. Podría afirmar que la música en mi vida desaparecía a medida que olvidaba mi manera querer ser.
Obvio, cambiamos algunos sueños, otros los fuimos descubriendo, otros conocimos al amor de nuestra vida y empezó nuestro segundo pequeño big bang.
Un poco antes de conocer a Ale, me reconecté con la música, pues viví en Cali y Santo Domingo, también en otros lados, pero quienes conocen estas dos ciudades saben, que la música es parte del ADN. Aprendía bailar salsa, merengue, bachata, en cada pie pisado, a cada damisela que destino a enseñar a mover mi cadera y entregarme a nuevos ritmos.
Cuando conocí a Ale, la reconexión musical se incrementó, me hizo de nuevo pensar en lo que quería ser y cómo lo quería ser y con ella disfrutamos bastantes noches bailando diferentes ritmos y planeando nuestra vida juntos. Cabe aclarar que no cumplimos todas nuestras metas, pero las que cumplimos estuvimos muy a gusto de haberlas realizado.
Tanto había ampliado mi gusto musical que nuestra primera canción como marido y mujer fue la salsa “Que precio tiene el cielo” de Marc Anthony. Quisimos iniciar con una canción con ritmos felices y así fue, a pesar del cáncer y sus vicisitudes.
Sin embargo, cuando se fue Ale, el recomponer mi vida y buscar darle un nuevo ritmo, regresé a mi ABC, en mi caso, el conocimiento y la música. En el conocimiento fue estudiar enfermería. En la música pedí una guitarra prestada y empecé a recordar lo aprendido con el profesor Manuel. Esta vez sería distinto, tenía que retarme en ambos casos, y en el caso musical fue aprender a cantar. Y bueno con dos hermanos cantores como Kike y Pancho, empecé esta nueva aventura.
También quise hacer lo que no pude hacer hace 25 años, que era componer mi propia música, escuchar lo que me gustaría escuchar a mi en la radio y escribir mis propias letras. Pero no escribirlas en español, eso sería fácil, decidí hacerlo en inglés.
Y así es como se fueron gestando las canciones que ya están escritas y grabadas de manera artesanal o casera. En este momento estoy buscando varios músicos para grabar el disco que a mi me gustaría escuchar y espero compartirlas muy pronto con todos ustedes.
Mi pregunta para ustedes es ¿qué han dejado de hacer que antes los definía? La perdida del “yo quiero ser” en cada uno de ustedes ¿ya sucedió?
Empecemos de nuevo….

Comentarios