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Dos tatuajes muy personales...

  • 20 jun 2018
  • 3 Min. de lectura

Después de las primeras 6 horas, en mi primer tatuaje, me dio el síndrome de hacerme más tatuajes. Por lo general sucede esto a quienes nos tatuamos. Nos vemos en el espejo y empezamos a fantasear con falta por aquí esto o falta por allá otro. ¿qué tal si me tatúo esto o lo otro?. Uno empieza a ver su piel como una página blanca y querer expresarse sobre ella. Sin embargo, a veces, sólo quiere expresar ciertas emociones que no expresa bien, como fue mi caso con los dos siguientes tatuajes.


Y de nuevo se hizo presente la alcancía de monedas, todos los días y cada moneda que llegaba, entraba a dicho recipiente.

Listón del cáncer.




Me tardé en pensarlo y buscar el diseño, por lo menos 6 meses, buscando establecer lo que quería decirlo y que se entendiera, sólo con verse. Mi día a día fue quien me dio la idea, la realidad de mi matrimonio y mi amor por seguir apoyando a Ale. No claudicar.


También influyó una visita a México con Ale, un diciembre como cualquiera, frío, seco, penetrante, en Puebla, cuarta ciudad en tamaño del país, de donde es mi familia, acompañado de mis hermanos, mis papás y mi sobrino. Ahi visité a una de mia tías, quien vive en Puebla y que coincidentemente otra de mis tías estaba de visita, quien vive en Los Ángeles. Claro, todos poblanos, visita decembrina para cargar energías, una práctica de quienes vivimos fuera de nuestro núcleo familir. Ellas, así como Ale habían sido diagnosticadas con cáncer en 2009. Un año peculiar para mi familia.

A la tía Channy y a la Tía Lupe habían sido diagnosticadas con cáncer de seno. Luchadoras, entronas, con carácter y bien dispuestas a asumir el reto, pasaron sus quimioterapia y operaciones. Seguían en tratamiento y fue bueno poder hablar con ellas y compartir experiencias. Bastante gratificante saber que situaciones que parecían que solo a uno le pasan, no es así.

Mi segundo tatuaje es un listón que recuerda la lucha familiar y de muchas personas alrededor del mundo pero con una apropiación personal. El color gris es por el cáncer de cerebro que Ale tenía y el color rosado de las patitas, una por la tía Lupe y otra por mi Tía Chany; cáncer de seno. Ese tatuaje me recuerda que se debe luchar, que debemos estar juntos como familia ante la adversidad y que se vive día a día. Entonces la idea cobró vida en mi segundo tatuaje y se plasmó en mi piel un par de meses después.


Electro de Ale



Otro de mis tatuajes personales y muy íntimo es el que me hice en el pecho, del lado izquierdo. Es el electrocardiograma de Ale, de la última vez que estuvimos en le hospital. Cansado, en la tercera o cuarta noche, ya conociendo yo el destino que Dios nos trazó, vi el monitor que registraba sus signos vitales y le saqué una foto. Ya tenía pensado que quería ese ritmo cardiaco en mi piel, pero no sabía cuando y como. Al año y medio que se fue Ale, volvía ahorrar como dictaba mi costumbre, la alcancía de monedas y un sábado fui a tatuarme. Este tatuaje es muy personal, ya que con él acepté mi viudez pero tambien entendí que estaríamos siempre juntos, con o sin tatuajes. Si lo ven bien, al inicio tiene una A y al final una M, que significa Alejandra y María. También el color es uno de los que más le gustaba a Ale, el verde. Por el lugar donde me lo hice, duele mucho, porque no hay tanto músculo o grasa, pero no importó eso. Ya ven, los tatuajes aunque parecieran sin importancia, para mi no es así, son parte de mis vivencias y aprendizajes. ¿Han pensado uds en cual sería un tatuaje para alguna etapa o época de su vida?



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