Cuento citadino...(Parte 3 de 3)
- 21 may 2018
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Y así fueron bajando y subiendo pasajeros en su respectiva estación, cada uno de ellos mostrando en su comportamiento su manera de ser, de vivir la vida, su educación aprendida a lo largo de los años.
José siguió haciendo ruido, en cada estación y seguía pateando la silla de adelante.
Clara seguía enojada con el mundo, pensando que todos debían darle pleitesía.
Martha, esperando llegar a tiempo a su cita médica.
Ricardo, haciendo un esfuerzo sobre humano por el sueño, por el dolor de cabeza y de pies, aunado al hambre que se manifestaba con el sonido de su estómago.
Karla, pensando y teniendo fantasías con Caliandro.
Ya todos estaban más cerca de su destino, en un lunes normal pero frío.
Antes que se bajaran Clara y José, un pasajero le pidió a la madre abnegada que le llamara la atención a su hijo, por el incómodo concierto que estaba dando. Ella replicó “Cállate cacorro, estamos en un país libre”. Los demás pasajeros, estaban en desacuerdo, pero no dijeron nada. Veían a Clara con desaprobación y callados. Si los pensamientos se escucharan, Clara hubiera llorado por la recriminación que le estarían haciendo.
Martha, la vio de reojo, la entendía, pero pensaba que sus nietos no eran así, porque a su hijo lo había enseñado a comportarse en público. Lo que no sabía Martha es que de tal palo tal astilla, y que lo que vio su hijo a su padre lo aprendió: Borracheras, olores a otros nidos, amores colocados en su esposa con sangre por los golpes de amor. Un círculo vicioso heredado de generación tras generación.
Ricardo, había cerrado los ojos, y el dolor había disminuido, pero la incomodidad de estar parado por más de 45 minutos y el desvelo previo, ya habían ganado. Abría con esfuerzo los ojos y contaba las estaciones que le faltaban. “Faltan 4 estaciones. ahora faltan 3. Ya solo faltan 2”.
Karla, se alistó a bajarse en la siguiente estación, sonriendo a sus adentros y en su rostro florecía esa ilusión, de haber encontrado alguien para ella, que le cumpliría todos sus sueños.
En eso paró el vagón, y el miedo, la tristeza, el odio, la incertidumbre aparecieron. El futuro se había derrumbado. Veía a Caliandro afuera de la estación besando a otra dama, con el overall azul que decía en letras amarillas y grandes "Ministerio de salud, Operador de limpia"
El problema no era que recogiera basura, el problema es que no tenía dinero para darle un mejor futuro, no importando que tuviera a otra mujer, mientras él le financiera sus sueños.
A empujones quería salir Karla del vagón y una de esa, sin querer le pegó a Martha en la boca, a Carla en la espalda y tiró a Ricardo al suelo. Las lágrimas corrían por sus mejillas, no quería ser vista, le daba vergüenza ser tan inocente.
La sangre brotó por la boca de Martha y el dolor se agudizó cuando nadie le dio explicación. Clara no le dolió el golpe, pero se enojó, así que como si fuera luchadora se volteó, se contorsionó y estiró el brazo para jalarle el cabello a Karla. El cual sujetó con odio, desprecio, mientras la otra mano, abierta buscaba impactar en la cara de su oponente.
Ricardo no sabía que había pasado, pero trató de levantase, pero los demás pasajeros empezaron a decirle “Borracho, mariguanero, naco”.
La policía estaba en la estación y al escuchar los chiflidos, los sollozos y los gritos, entró al vagón. Todos señalaban a Clara y a Ricardo, mientras Karla seguía llorando y tratando de zafarse de su agresora y Martha ofrecía un espectáculo sangriento al tratar de limpiarse ese líquido rojizo de su cara.
Los uniformados, sin preguntar, vaciaron el vagón y se llevaron a la comisaría a los protagonistas para esclarecer los hechos.
Karla dejó de sufrir, al darse cuenta que Caliandro no se había percatado de su presencia. Se había ido antes. Carla lloraba con José, diciéndole que todos eran hombres malos, que no fuera como la policía y que nunca se dejara. Martha, ya había aceptado que no llegaría y perdería su cita, así como la vida algunos meses después porque la lotería de genes defectuosos no fueron atendida a tiempo. José, no descansaría, no vería a sus hijos, pero llegaría a su turno nocturno.
Al final del día José, no entendía nada, sólo pensaba que su mami lo había defendido y que no debía ser como los policías. Mas tarde en su juventud, moriría baleado, por querer enfrentarse a un policía y quererle quitar su arma, por un impulso provocado por un recuerdo en su subconsciente, que se estableció en su psique aquél día.
Nadie pensó antes que había pasado, ni los policías, ni el juez ni los propios protagonistas. La historia sólo se desarrolló en el vagón como la vida, al azar, sin control, pero resultando en la partida y la llegada de varias personas
Cacorro.- Nombre despectivo que se le dice a los gays en Colombia, en alusión al insecto que le gusta estar en las deposiciones..
Naco.- Nombre despectivo que se le dice en México a las personas de mal gusto y poco educadas.

Foto Tomada por Hugo Serrano Pinilla
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