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Cuento citadino... (Parte 2 de 3)

  • 14 may 2018
  • 4 Min. de lectura

Una vez dentro del vagón, no interactúan entre ellos, cada uno en su mundo, en sus retos, en sus dificultades, en su encierro mental.


El vagón para en la siguiente estación, salen pasajeros y entran más, el vaivén de pasajeros y la utilidad del vagón.


En uno de esos vaivenes, Clara ve un asiento libre y en lugar de utilizarlo, lo cede a su hijo. José está en la edad en la cual se aprende todo, todo lo que le enseñan los adultos. Edad en la cual todos descubríamos algo nuevo, todo nos emocionaba, nuestra inocencia iba siendo marcada por nuestro aprendizaje y nuestra interacción con los demás, se ve marcada por los límites que vamos aprendiendo en el día a día. Esa interacción que nos marca el resto de nuestras vidas o como dicen las abuelitas “Te educas en la casa o en la calle. En la casa se hace con amor, en la calle no estés tan seguro de ellos”.


Karla, lleva puestos sus audífonos, escuchando la canción que Caliandro le dedicó el fin pasado. No puede creer que alguien tan galante, educado y bien parecido, la haya invitado a salir. Su elegancia y caballerosidad solo se iguala a su nombre. Cuando escuchó por primera vez, en la pista de baile, el nombre, al formalizar presentaciones, rió de burla, de pena ajena, como dicen en su familia. Esa reacción, le había traído varios problemas y enemistades con otras personas, pero con Caliandro no.


Ella recordaba todo lo que había sucedido, el baile, los ritmos, las miradas penetrantes las sonrisas, los besos robados y los roces sensuales. Se sonrojó una vez más. Después recordó la foto que él le envió, del origen de su nombre y cómo lo veía cada dos minutos antes de llegar a la estación.


El cansancio sólo se incrementa en Ricardo. Él busca algún asiento libre pero no encuentra. Es como si la educación hubiera cambiando, en su juventud, él cedía los asientos a la gente adulta o mayor. Si estornudaba alguien replicaba salud, y las personas respondían un gracias. Veía que los asientos eran ocupados por los más jóvenes, bien peinados, bañados, acabado de salir de su casa, rumbo al trabajo o la escuela. Pero él, está agotado, se le nota en la mirada. Tiene hambre, tiene frío, sólo quiere descansar aunque sea un rato. Después piensa que es mejor no sentarse, sino se quedaría dormido y podría no bajarse en su parada. Sus pies tienen dolor y eso hace que poco a poco, la cabeza sienta empatía y se les una.


Martha sigue pensando que llegará tarde al médico, que tendrá que pedir el favor que la atienda, para no esperar otro mes, ya que la cita, siempre se tardan en darlas. Ella no lo sabe, pero está enferma, esas mutaciones que se facilitan en algunas personas, en la lotería de los generes dirá su doctor, pero mientras ella y su ignorancia son felices. Se acuerda de su esposo, sonríe al aire, sus recuerdos la visitan a menudo. Ese Hugo, sí ese que falleció hace más de un año, ese bandido que la quería a su manera, que la hacía llorar y reír. Ese quien la amó con locura, a pesar de sus engaños y borracheras. Siempre llegaba con ella y siempre la convencía para que lo recibiera, a pesar de oler a otro nido.


José, impaciente empieza a patear la silla de enfrente. Empieza el concierto de un infante que ya se aburrió, que ya quiere llegar a la escuela, para jugar, para reunirse con sus amiguitos y jugar futbol y por qué no, hacer alguna travesura con ellos.


Clara lo ve y le sonríe pero no le llama la atención. Ella le permite todo, ya que no puede darle una mejor vida económica. Algunos dirían que se equivoca al pensar que la educación se da con el dinero, otros pensarán que por ser madre soltera, no tiene las fuerzas para enseñarle disciplina, otros pensarán que ella no tiene lo necesario para educar a sus hijos, por su corta edad de 19 años.


Los pasajeros, ya se empiezan a impacientar con José, pero Clara, a todo mundo los aborrece con su mirada. No le importa si están incómodos, sólo importa que su primogénito sea feliz. Ella piensa que por haber vivido lo que vivió, que dos hombres sólo se hayan aprovechado para engendrar sus dos amores y no hayan tenido la fuerza de abandonar su nido, la conozcan o no, le da derecho sobre los demás, que la traten diferente. Ella se auto compadece como drogadicto después de cada inyección o inhalación o el viudo que no ha aceptado su soltería. ¿No saben lo difícil que es criar dos niños, uno de 5 años y otra de 9 meses como madre soltera y a su edad? ¿Saben lo difícil que es buscar trabajo cuando no se tienen estudios ?


Clara sabe lo bella que es, pero ya dos hombres se han aprovechado de su manera de pensar, al prometerle un castillo en el aire, sólo para acceder al cuerpo terrenal.


Un estudiante se para de su asiento y se lo ofrece a Martha. Ella agradece y entre empujones, miradas de odio y egoísmo se alcanza a sentar. El estudiante sabe que llegará a su estación e irá a sus clases, por eso sede el asiento, el cual lo pudo haber ofrecido hace 20 minutos u ocho estaciones previas.


Karla, después de haber soñado despierta, se da cuenta que está a dos estaciones donde bajará. En eso se acuerda de la anécdota del nombre de Caliandro y porque sus padres, dos botánicos lo nombraron así. Se ríe, se da cuenta que está frente a la oportunidad de su vida. Alguien bien parecido, bien educado, con dinero, la plataforma para hacer lo que ella siempre ha querido ser y poder sobresalir en su familia por su belleza y algo más.


En la siguiente estación bajaron más personas que las que subieron y eso disminuyó la humedad del vagón. Ricardo, se pudo acomodar mejor, pero no hubo asiento libre. Martha, seguía pensando en la cita médica, esperanzada que la recibieran, Karla seguía perdida en sus planes como José, mientras Clara observaba con desprecio a quienes se impacientaban con el concierto de su hijo.


A falta de una parada y de cero interacción entre ellos, en algunos minutos, lo harán y no lo olvidarán por el resto del día y las emociones de su encuentro perduran el resto de sus vidas.





Foto de sitio web: https://www.healthwisdom.shop/products/buy-calliandra-haematocephala-tree-seeds-60pcs-plant-red-acacia-grow-zhu-ying-hua






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