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¿Y si....? Final alternativo de La La Land

  • 28 sept 2017
  • 4 Min. de lectura

“La La Land” fue la primera película que vi este 2017, bien realizada, música entretenida, además de buenas actuaciones. Fui acompañado por alguien que en su momento generó la pregunta ¿Y sí...?


Aquella vez que vi la película, me dejó emociones encontradas, porque de alguna manera, uno se pregunta con las personas que conoce y las decisiones que toma, a lo largo de su vida, ¿y si...?


Desde que tengo uso de razón, en mis relaciones personales, siempre me he hecho esa pregunta, ¿y si...? Racionalizando mis emociones, siento que "los hubieran" impulsan más mi intensidad natural. No me gustan "los hubieran". Prefiero arriesgarme e insistir y tener una respuesta concreta: "No", en caso que sea esa.


A veces, uno no se da cuenta de las implicaciones de las consecuencias que vienen con una decisión.


Les contaré varios ¿y sí..? que aplicaron con mi salida de México y en mi vida en el exterior.


Antes de venir a trabajar a Colombia, me ofrecieron trabajo en Monterrey, un viernes en la tarde, hacía frío, la tarde era totalmente melancólica, lo cual se acentuaba con un sol penetrante pero con el frío característico de los eneros de la sultana. Era un buen trabajo, se acomodaba a mi zona de confort, además ideal por la prontitud de conseguirlo, tener trabajo al mes de graduado, ¡era ideal!


Sucedía que en mi cabeza, siempre desde pequeño, había querido vivir y trabajar fuera de México, por lo que en el mes más frío del año, en diciembre había aplicado a varios trabajos por fuera de mi país. No me habían llamado, pero en la noche de ese viernes melancólico, me senté a hablar con mi hermana. Ella, como siempre escuchándome me dijo : "Llama de nuevo, puede ser que se les pasó". ¿Y si…?


Llamé el lunes temprano y me comentaron que fuera a las 10 am a hacer otras evaluaciones. Mi hermano mayor, el segundo en la dinastía familiar, me llevó. En esa segunda ocasión me seleccionaron y ese mismo día me informaron, por la noche, que podría ir a Bogotá o Lima. El ofrecimiento económico era menor que lo ofrecido si me quedaba en Monterrey, pero me llamaba mucho salir de mi zona de confort.


Llamé al día siguiente a la empresa de Monterrey, agradecí el ofrecimiento y lo rechacé. En el momento de realizar la llamada, la presión se centró en mis palabras, pero se manifestaba en mi estómago y el frío recorría mi espalda de abajo hacia arriba y de arriba a abajo. ¿Y si…?


Estaba todavía la cuestión de donde iría el siguiente fin de semana: Bogotá o Lima. Toda esa semana estuve yendo a capacitaciones y el viernes en la mañana me informaron: Bogotá. ¿y si…?


Les llamé a mis papás, lo hablé con mis hermanos en Monterrey, de Ciudad de México y de Puebla, mi novia de ese entonces , me acompañó a comprar lo que faltaba para mi aventura. Mis dos amigos de Monterrey me desearon éxito. Mi círculo familiar y de amistad, lo estaba rompiendo, pero sus deseos por verme feliz, me hacían sentir que si no me iba bien, podía regresar. Ellos eran mi red de protección, como la de un trapecista en circo. Y vaya que la usé en diferentes momentos.


Me dio mucho miedo, mucha angustia, pero también ganas de probarme, de buscar nuevos aires en este planeta. Las condiciones las había yo forzado a que se alinearan a mi favor, no esperé a que me llamaran, busqué que sucediera y ahí me di cuenta que insistir era bueno o generaba los frutos, desde una perspectiva, totalmente diferente.


La historia se escribió ahí. A pesar de mi miedo, me lancé a dar malabares en el aire, esperando que el otro trapecista me cogiera y no me dejara caer en la red de protección. durante algunos años di piruetas, saltos dobles, saltos mortales. En ocasiones el otro trapecista que estaba del otro lado, fue cambiando de nombre, y me dejaba caer, caí varias veces en mi red de protección. Limpiaron mis lágrimas, secaban mis heridas, me daban calurosos abrazos y me escuchaban en lo que vivía y eso me hacía bien.


En uno de esos vuelos de un trapecio a otro, en una acrobacia que me lancé hacia el otro trapecista, me cogió de las manos y no me dejó caer. Me llamó mucho la atención, ya que mis habilidades no eran las mejores, sin embargo, existió un click entre los dos. El trapecista era una mujer, la más bella que había visto, su elegancia sólo era superada por su mirada, con una personalidad arrolladora y con una fortaleza que después se puso aprueba, pero que afloraba en cada paso, en cada mirada, en sus caricias y en los abrazos que nos dimos a lo largo de tenernos como un sólo ser. Su nombre, Alejandra María. Sus ojos color miel, sólo eran buscados más que yo por los rayos del sol, para teñirlos de un verde tenue e hipnotizante, al ser acariciados por la radiación solar.


Con Ale, nuestra historia se marcó entre piruetas en el aire, desafíos en nuestras vida y mucho amor. Claro hubo frustraciones, tristezas, incertidumbre. Sin darnos cuenta, hicimos nuestra familia, desde el primer momento, nos escogimos y aceptamos como éramos con nuestras virtudes y limitaciones como personas y posteriormente como pareja, pero siempre existió esa delgada línea que hace la diferencia: entre ser sólo un juego a ser real. ¡Y fue real!


Durante nuestro noviazgo y matrimonio siempre existió la pregunta: ¿y si...? tanto para las decisiones que tomábamos como pareja y como individuos, pero juntos; fuimos tomando decisiones y resolviendo cada situación.


En este momento de mi vida que ando buscándome, se han presentado personas con las cuales me he preguntado ¿y si...? Tal vez, estas personas no se han preguntado eso conmigo, por eso, los hubieras no existen, a menos que cada una de las partes haga su trabajo y busque arrojarse al vacío, como yo lo hice.


El destino me premió con Ale.


¿Cuántos de ustedes han tenido con claridad dicha pregunta y sus posibles consecuencias?








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