Historia Cíclica o cuando Belén es Carlos 33 años después.
- 21 sept 2017
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La historia, a veces pareciera cíclica. Les contaré la historia de Belén y de Carlos, personas separadas por el tiempo, la distancia, la nacionalidad, pero que a uno como espectador le enseñan mucho.
Me acuerdo cuando entró y salió Belén de nuestra vida. Era una noche fría en Puebla y mis hermanos y yo fuimos a tirar la basura del día al parque. Ahí estaba un niño de 11 años y mis hermanos y yo empezamos a hablar con él. Teníamos la misma edad.
Había escapado de su casa, no tenía donde dormir, entonces mis hermanos y yo lo invitamos a nuestra casa. Mis papas casi se desmayan de la sorpresa, había llegado el octavo hijo. Se bañó y le dimos ropa, jugamos en la noche con él, cenamos y dormimos, haciéndolo parte de nuestra familia.
Sin embargo, al día siguiente se fue, quería seguir su camino y mis hermanos y yo, de 5 a 16 años nos quedamos tristes y llorando.
A Carlos lo conocí a inicios de este año en Bogotá, venezolano por encima de los 50 años. Vino a buscar mejores oportunidades a Colombia de Venezuela, como muchas personas que emigran buscando mejores oportunidades. Después de quedarse sin trabajo y donde vivir, tuvo suerte y un amigo de él, colombiano, le dio asilo.
Como es usual en quienes emigran, la falta de papeles para poder trabajar, pareciera una constante. Así que le tocó emplearse en cualquier trabajo informal que le diera para comer. Sabemos que actualmente en nuestros países la situación es complicada, no solo en Colombia sino a nivel mundial, por la desigualdad de riquezas.
Como cualquier extranjero fuera de su país, y a veces sucede en el país de uno, existe la discriminación, la cual le tocó vivir, así como la desconfianza y los estereotipos. Un viernes me llamó llorando, lo habían echado de la casa donde se estaba quedando porque llegaba un familiar. Lo cual es entendible, sin embargo, no había comido bien y no todos los días. Me pidió ayuda y busqué apoyarlo como pudiera. Así que llamé a amigos de las distintas nacionalidades que vivimos en Colombia, para hacer una colecta. Desgraciadamente no tuve mucho éxito.
El sábado, me llamó temprano llorando porque no sabía que hacer y no quería dormir en la calle. Escuchar a una persona llorando es terrible, sobre todo en la situación de Carlos. Seguí buscando apoyo, pero no existió. Al final del día, lo único que se le pudo dar fue una rica hamburguesa, unas manzanas verdes y mandarinas para su viaje, además de parte del pasaje del bus a Cúcuta. Esa noche fría de lluvia, tomó su bus de regreso a la frontera, sin ideas claras, tristeza en su alma y un poco de odio a su situación. El domingo, me escribió menos triste, me informó que ya estaba en Cúcuta, que colombianos estaban dando comida a los venezolanos y daban albergue. Ese día fue un gran día no sólo para él, sino para quienes pudimos dar nuestro granito de arena.
Ahora con la situación del sismo en México y toda la solidaridad que han demostrados mis paisanos, me hace preguntar lo siguiente ¿será que sólo ayuda la gente en grandes tragedias? pero ¿cómo uno sabe ayudar en grandes tragedias si no se hace en el día a día? Haciendo la analogía con escribir ¿cómo podemos escribir un libro si no sabemos el abecedario?
En los boys scouts nos enseñaban, una buena acción al día, hace la diferencia.
¿Cuál fue tu última buena acción?
P.D. Felicitación a mis hermanos que han estado ayudando como voluntarios y a todos quienes han dado su granito de arena en estos momentos difíciles.

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